Alán González
Especialista en Control de Olores Industriales
Las quejas por olor suelen ser el primer detonante de una visita de Protección Civil a una planta industrial. En muchos casos, el olor no está explícitamente regulado como contaminante, pero sí es considerado un riesgo para la seguridad, la salud y la convivencia social.
Saber qué reportar y cómo hacerlo puede marcar la diferencia entre una observación preventiva y una suspensión operativa. Este artículo resume un modelo técnico de reporte que ayuda a las empresas a demostrar control, responsabilidad y capacidad de respuesta ante eventos relacionados con olores.
Uno de los errores más frecuentes es tratar el olor como una molestia subjetiva sin sustento técnico. Sin embargo, para Protección Civil, el olor puede indicar riesgos asociados: presencia de gases irritantes, procesos fuera de control, fallas operativas o impactos a población sensible.
Cuando no existe información clara, las autoridades suelen actuar bajo el principio de prevención del riesgo, lo que puede traducirse en medidas restrictivas mientras se "aclara" la situación.
Un reporte bien estructurado no necesita ser complejo, pero sí ordenado, técnico y coherente. De forma general, debe incluir:
Breve explicación de la actividad, zonas involucradas y condiciones normales de operación.
Diferenciar entre fuentes puntuales (chimeneas, ductos), áreas confinadas (cárcamos, edificios) y fuentes difusas (patios, lagunas, residuos).
Metodologías como la olfatometría, la escala VDI 3882 para intensidad del olor y el modelo FIDOL (Frecuencia, Intensidad, Duración, Ofensividad y Localización).
Qué acciones se han tomado para mitigar el olor, desde ajustes operativos hasta tecnologías de control, mantenimiento o monitoreo.
El acrónimo FIDOL representa los cinco factores clave para evaluar el impacto de los olores:
En México, el acceso a estudios completos de olfatometría dinámica es limitado. Aun así, Protección Civil suele valorar positivamente cuando una empresa demuestra que aplica criterios técnicos reconocidos, aunque sea mediante evaluaciones internas estructuradas.
El uso del modelo FIDOL, registros de percepción, análisis de frecuencia e identificación de zonas sensibles puede respaldar la gestión del olor y mostrar una actitud proactiva frente a las autoridades.
Un reporte técnico bien preparado no solo sirve cuando hay una queja. También puede integrarse como parte de la matriz de riesgos, auditorías internas o procesos de cumplimiento normativo de olores, reduciendo la probabilidad de sanciones o cierres inesperados.
En la práctica, las empresas que documentan y comunican su estrategia de control de olores suelen tener mejor diálogo con autoridades, menor presión comunitaria y mayor estabilidad operativa.
El olor puede no estar claramente regulado, pero sí es claramente evaluado cuando hay una queja. Contar con un modelo técnico de reporte ante Protección Civil transforma un problema reactivo en una gestión preventiva. En un entorno industrial cada vez más sensible al impacto ambiental, anticiparse es una ventaja competitiva.
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